febrero 23, 2012

Preguntas deprimidas

Me pregunto si la depresión ha existido desde el origen de los tiempos y fueron las farmacéuticas las que vieron la oportunidad de negocios.

febrero 22, 2012

Algún lugar


En algún lugar leí que si no sabes adonde vas, cualquier camino es bueno. En otro lado me pidieron que me preguntara si lo que estaba haciendo hoy me acercaba adonde quería estar mañana.
Quisiera tener una idea clara de adónde quiero estar mañana, pasado, la próxima semana, en un año o en 10. Pero la única respuesta que se me viene a la mente es que me basta con estar en "algún lugar". Cualquier lugar. Menos en el que estoy ahora.
Quisiera ser de esas personas que tienen resuelta toda su vida. Que en sus manos tienen un diagrama de flujos con todos los pasos a seguir para llegar adonde quieren.
Hay días en que siento que camino en círculos. Doy muchas vueltas, pero no llego a ningún lugar. Es como estar en un laberinto. Sí, me siento un poco así y un tanto asá.

¿Cómo se sabe adonde ir? Porque no se engañe, llegar es lo de menos. En ubicar bien los puntos cardinales está el detalle.

febrero 20, 2012

Ni chucho que me ladre

Hay días en los que me entra la gana por tener un perrito. Pero uno chiquitito, que no crezca mucho. En mi casa hay una normativa anti-mascotas, a pesar de la cual alguna vez tuvimos un gato llamado Foncho, un perico llamado Paquita (nos tomó años caer en la cuenta de que no era "ella", sino "él") y un perico de repuesto que creó se llamó Quico, además de los típicos pollitos, gallinas Cocó y gallo. Todos ellos fueron: a) regalados, b) huyeron, c) enterrados en el patio, y d) terminaron en sopa. 

Mi mamá siempre nos ha advertido que quien desee tener una mascota, deberá responsabilizarse por limpiarla, bañarla, darle de comer, etc. Lastimosamente mi casa es prácticamente un dormitorio para el 75% de sus habitantes. Por tanto, comprar un perro es inaceptable. ¿Por qué darle una mala vida al pobre perrito? 

Verá, lo que realmente me llama la atención de comprar un perrito es tener alguien que mueva la cola cuando yo llegue, se emocione y quiera mimos, echarse a ver televisión conmigo, salir a jugar los fines de semana o qué sé yo, cualquier otra cosa que aparezca en los anuncios de Pedigree, Eukanuba o similares (*).

Pero a cambio, mi perro platónico tendría una vida de perro, en la que pasaría solo la mayor parte del tiempo, probablemente sucio, con hambre, aburrido o hasta deprimido. Sin imaginar que un día, en su intento por escapar de la casa al mundo real, podría terminar destripado en la calle, como tantos difuntos con los que me cruzo en el camino. 

He llegado a pensar que, si algún día me caso y/o tengo hijos, puedo pretender que no me gustan los perros y condicionar a mi esposo y/o hijos a que si ellos quieren una mascota tiene que ser pequeña y ellos tienen que "responsabilizarse por limpiarla, bañarla, darle de comer, etc." (**). De esa forma, solo tendré que dedicarme a vivir mi anuncio de Pedigree con el perrito en cuestión.

Para mientras, me conformo con el perro de los nuevos vecinos de enfrente. No sé cómo se llama (yo lo llamo Maruchán, porque tiene cara de Maruchán, así como algunos tienen de Fido o Firulais). Ni siquiera estoy segura de qué raza es, porque no lo puedo ver bien detrás de los barrotes del portón y mis conocimientos caninos son limitados. Lo que sé es que me gusta que me llegue a saludar cuando salgo de o llego a mi casa. Es como tener chucho que me ladre.

Maruchán se ve algo así, pero hasta donde alcanzo a ver, no es tan peludo del cuerpo. Es probable que ese sea el look que le dan en el salón.

(*) Para vivir ese idilio las opciones son un perro o casarme, y veo más factible lo del perro.
(**) Los perros grandes me dan miedo, pero pues, esos son otros 5 pesos.


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