Search this blog


Inicio Acerca de Contacto
2009-10-31

Vos  

(que sabés quién sos)

Para vos que hablás con todos de mí, hoy quiero hablarle a todos de ti. Y decirles que sos grande para las pequeñas cosas.

Como recordar que nunca te despreciaré un sorbete ni un Snickers, que me gusta el té helado y que nunca está de más que agarrés un par de servilletas extra porque siempre el ketchup encuentra su camino a mi blusa.

Como procurar ir siempre delante de mí al bajar las gradas aún cuando ando en tenis porque tenés miedo de que se me enreden los pies y me caiga -todo porque alguna vez te dije que era un poco torpe y falta de coordinación-.

Como no sentarte a comer hasta que estamos los dos en la mesa, llevar mi bandeja cuando comemos afuera, probar los bocados que te doy con mi tenedor y lavar los platos al final de la cena -tal vez me estás mal acostumbrando-.

Como escribir en cuentos y poemas lo que sentís y dejar que todos lo lean, menos aquellos que son muy míos y tuyos y se quedan solo entre nosotros -sabés que me gustan, aunque tengo que consultarte el significado de 3 de cada 10 palabras-.

Como tener paciencia, a sabiendas de que no sos un dechado de tal virtud, respirar hondo y suspirar cuando estás frustrado o desesperado -a estas alturas ya te habrás dado cuenta de que conmigo aprenderás a tener paciencia de santo-.

Como catalogar mis "mil caritas" que ya sabés descifrar a cabalidad, desaparecer mi ceño fruncido y reemplazarlo por las miradas y sonrisas que compartimos, que solo los dos entendemos -y que solo los dos necesitamos entender-.

Como hacernos reír mutuamente, aún en los momentos menos indicados para ello, porque los dos estamos medio locos, somos bayuncos y salimos con cada cosa -empiezo a creer que la ocurrencia e irreverencia se pega después de un tiempo-.

Porque uno es amo de lo que calla y esclavo de lo que dice, después de callarlo por estos meses, hoy al fin digo que te quiero.

Agringados  

Los holidays del tío Sam

Hoy es Halloween, las almas perdidas se encuentran para salir a asustar por una noche y ¿a mí qué? Alguna vez mi tía nos disfrazó a mi primo y a mí para la ocasión (a mis 3 años, yo era la Tía Bubu y él Superman), pero nunca pasó a convertirse en una tradición aquello del "trick or treat" -probablemente porque mis vecinos nunca compraban dulces-.

Obviando el análisis dizque sociocultural-religioso-esotérico-ocultista-paranormal que todos se lanzan a hacer sobre esta fecha, me limitaré a decir que s
alta a la vista que Halloween es una excusa de los restaurantes, bares y discotecas para hacer su agosto en octubre, pero sobre todo, que resulta evidente que es algo tan, pero tan mercadológicamente ¡gringo! Como las flores y chocolates en el Día de San Valentín y Santa Claus y Rodolfo el reno en Navidad.

Entiendo que a los niños les motiven las altas dosis de azúcar refinada bajo la máscara de dulces inofensivos que seguramente les causarán numerosas caries, o les ilusionen los trajes de princesas y superhéroes. Pero en el caso de los adultos, simplemente no capto la nueva fascinación que les ha dado en los últimos años por "celebrar" el dichoso Día de las Brujas con todas las pre, after, post, a, ante, bajo, cabe, con, contra, de... party y no sé qué tanto más.

¿Y en noviembre qué? ¿Vamos a correr a los supermercados para incrementar las ventas de chompipes por ser "Thanksgiving day"? ¿El ayote en miel (guácala) se transformará en pumpkin pie? ¿Antes de Miércoles de Ceniza celebraremos Mardi Gras? ¿Y Semana Santa la renombraremos "Spring Break"? ¿Domingo de Resurrección será Easter y por algún extraño motivo lo asociaremos con un conejo que va escondiendo huevos pintados de colores por los jardines? ¿Y el 4 de julio organizaremos barbacoas y decoraremos de rojo, blanco y azul?


A ver cuántos de los que se disfracen hoy van a ir a enflorar a los cementerios el lunes -o tan siquiera a comer hojuelas con miel (como lo hago descaradamente yo, ya que los cementerios más que resignación, me dan tristeza)-, antes de que nos terminemos de agringar con los holidays del tío Sam.

Bloguear ajeno  

O pasar de escribir a ser escrita

Abrí el Facebook y me encontré con un mensaje de Gero preguntándome si estaba interesada en participar en la sección de entrevistas de su blog. Aunque extrañada ante la idea de ser protagonista y no autora de un post, el honor que me hacía alguien que me cae genuinamente súper bien -si bien en mi vida lo he visto afuera de una computadora ni he hablado con él en "tiempo real"-, terminó por convencerme y accedí. Me tomé una mañana libre y me dispuse a responder el cuestionario. Esto fue lo que salió de lo que resultó ser un verdadero ejercicio mental.

Fue curioso lo cohibida que me sentí al inicio al hablar de mí misma y lo natural que me sentí al final
(si bien he reflexionado últimamente que es poco lo que digo sobre mí); y cómo me costó cambiar de cassette y adecuarme a la idea de que no estaba escribiendo aquí sino allá, blogueando ajeno, hasta sentir que transgredía la esencia del camino a la felicidad con mis ocurrencias e irreverencias.

Para resumirlo: en esa simpática experiencia virtual pasé de sentirme en el banquillo de los acusados, al spotlight de esa pequeña coordenada de la blogósfera que cada vez se va expandiendo más y más, hasta regresar a ser simplemente yo.

Gracias totales a Gero. Algún día lo pondré en la misma situación -o una similar-, pero estando frente a frente, en vivo y en directo.


¿Cuándo me hice emo?  

Emo mode off

Uno de estos días -no, la verdad es que no me acuerdo hace cuánto fue, por lo que no sería "uno de estos" sino "uno de aquellos"-, me dio por leer mis últimas entradas. Fue raro, primero porque, no sé ustedes, pero yo no ando abriendo mi blog para leerme a mí misma -la verdad es que solo me leo al momento de escribir-.

Fue más raro
ya que por aquello de las carreras leo mis feeds en el Reader, entonces tenía un buen tiempo sin entrar a Blogger y llegué a sentirme atrofiada tecnológicamente hablando (como hace unos minutos que me puse a escribir esto), y ver a mi pobre Ocurrente Irreverente así de abandonado me dio un no sé qué en mi corazoncito pseudo-bloggero -quizá porque era una analogía de haberme abandonado a mí misma-.

Mientras leía tales entradas -claro, después del shock original de tener que ajustar debidamente mis ojos porque ya ni me acordaba de cómo se veía el mentado blog-, no pude evitar preguntarme sorprendida: ¿¡¿CUÁNDO ME HICE EMO?!?

No pude haberme hecho emo, me dije yo, porque no distingo entre 30 Seconds to Mars y Fallout Boy, y la verdad es que no estoy segura de que esa música sea emo, solo he visto que esos hombres abusan del delineador y del rímel más que el mismísimo Tutankamon en tiempos de los egipcios. Tampoco me veo emo porque solo tengo una camisa negra en mi haber y es imposible que use fleco porque a mi cabello le da por ondularse últimamente.

Aún así, lo que leía parecía digno de haber sido escrito por alguien que estaba a la orilla de un precipicio. O hecho un yagual humano, acurrucado en posición fetal en algún rincón de una casa vacía. Tal vez solo a mí me dio esa impresión. O quizá me puse demasiado a pensar en cómo lo habrá interpretado algún transeúnte, o peor aún, un lector recurrente, o doblemente peor aún, alguien que me conoce de mi vida offline -donde traté de disimular en la medida de lo posible lo que sentía-.

¿Podrían haberse preguntado ustedes cuándo me hice emo? No lo sé.

Y sin embargo, entre la disonancia y la incongruencia de lo negro de mis palabras con lo rosado de la plantilla, recordé los sentimientos que suscitaron semejantes relatos y de una extraña manera me sentí satisfecha de que esos bits y bytes los reflejaran.

Ahora entiendo que allá por agosto y septiembre estaba escribiendo solo para mí y por fin sé que si alguna vez lo vuelvo a releer no será por masoquismo, sino para no regresar al lado oscuro de la fuerza.

Por ahora estoy aquí, modo emo off.

2009-09-17

Bifurcación  

¿Y si el camino no lleva a ninguna parte?

Todos llegamos a un punto en nuestras vidas donde ya hicimos todo lo que teníamos que hacer. Cuando lo supuesto y lo planeado ya pasó, los objetivos ya se alcanzaron y las metas ya se superaron.

Vamos del vientre materno a la cuna, de la cuna a la guardería, de la guardería al kínder, del kínder al colegio, del colegio a la universidad (que bien podría llamarse "diversidad"). Y después de la universidad, ¿adónde?

Lo supuesto y lo planeado es que empecés a buscar tu primer trabajo, que seas económicamente productivo. El objetivo -especialmente para las mujeres- es que conozcás a alguien con quien querrás pasar el resto de tu vida y la meta es que te mudés de la casa familiar y formés tu propio hogar.

Pero, ¿qué pasa cuando no estás segura de querer lo supuesto y lo planeado? Tal vez sí sea lo que querés, pero no para ya, sino para más adelante en el camino. No es cuestión de darle largas al asunto, sino de valorar tus opciones. Sopesarlas.

Ahí, justo donde se acaba ese tramo predecible de nuestras vidas, contemplamos una bifurcación y todos los caminitos disponibles a nuestros pies. Posibilidades, oportunidades, opciones que podrían -o no- alterar el curso de nuestra existencia.

Agarrar el primer trabajo que salga, seguir de outsource, buscar una pasantía, tocar puertas intocables, continuar repartiendo CVs a diestra y siniestra, esperar que se abran las puertas o cuando menos alguna ventana, ofrecer tus servicios profesionales más seriamente y establecerte, unirte con un grupo de compañeros y rebuscarse entre todos, aprovechar este año sabático involuntario y aprender otro idioma, meterse otra vez a las aulas y sacar un técnico en otra cosa, poner un negocio en algo completamente diferente a lo que estudiaste, irse como au pair y cuidar hijos ajenos con tal de ver el mundo, aceptar la invitación de aquella tía para irse a su casa por un tiempo, desafiar la burocracia y meter papeles para irse becada a estudiar lo que sea adonde sea.

Sin importar cuál sea el caminito que contemple, antes de poner un pie en el sendero, el otro me tumba contra el suelo pensando en los peros, los pros y los contras.

Hay algo contradictorio en la angustia que me causa estar parada frente a la bifurcación del gran camino de mi vida. A veces, les seré honesta, me frustra sopesar tanta opción y martirizarme mentalmente con preguntas como "¿Y si ese camino no me lleva a ninguna parte?". Otras -muy, pero muy pocas veces-, respiro y me digo: "Tengo opciones. Aún si tomo esta ruta, más adelante habrán más opciones. Siempre hay desvíos y retornos".

Vicentico tiene razón: "Los caminos de la vida no son lo que yo esperaba, no son lo que yo creía, no son lo que imaginaba". No lo son, porque no quiero irme por lo supuesto y lo planeado.

Blog Widget by LinkWithin