Por más que intentó abrir la caja con cuidado para saber si todavía estaban allí, los recuerdos se escaparon. Para cuando quiso meterlos de nuevo, ya había olvidado la combinación del candado.
Por algún extraño motivo me siento en la obligación de poner por escrito que este blog ha llegado a su fin. A lo largo de estos 16 años, con bastantes pausas de por medio, documenté un poco de nada y mucho de todo. Detrás de la pantalla y el teclado, navegué mi carrera, relaciones, mi salud. Hay tantas cosas que pasan en el 40% de tu existencia. Pero no todo llegó a este blog, especialmente en los últimos años. Aquí no hay registro del nacimiento de mi hijo (y vaya qué historia), ni de mi experiencia tratando de equilibrar la maternidad con la vida de diosa doméstica y todavía mantener algo de lucidez para mi trabajo remunerado. Tampoco hay nada sobre mis duelos, incluyendo el fallecimiento de mi abuela. Quisiera pensar que eso y lo que venga quedará documentado en algún otro lugar, pero la realidad es que cada vez tengo menor capacidad de introspección. Capacidad, tiempo, espacio mental, ganas, ¿todas las anteriores? Quizás no soy solo yo sino los tiempos en que vivimos. Todo es ...
El año más fatigante, retador, sorprendente, estresante, triste, alegre, melancólico, emocionante, inexplicable, lleno, vacío, acompañado, solitario, largo, rápido, lento y otro puñado de adjetivos más. El año que me dio dos de las cosas que más anhelaba, y a la vez me enseñó que tenía que dejar ir otras. El que me forzó a seguir adelante aún cuando me faltaban fuerzas física y emocionalmente. El año que sentí que me arrastré casi hasta el último día. Este año lo he vivido por dos o tres. Es el año que nunca en mi sano juicio repetiría, pero sin lugar a dudas, el año que cambió mi vida y por eso le he de estar agradecida. Por un año 2024 sin expectativas (para que así las sobrepase todas).
Dice Arjona que el amor es tan cruel al grado que le prohíbe pensar, que le ata y desata y luego de a poco le mata, lo bota y levanta, y lo vuelve a tirar. Ha habido días en que, en contra de mi buen juicio, le he dado la razón a Arjona. Y a este cómic de The Awkward Yeti. Basándome en lo que Instagram, TikTok, los podcasts que sigo en Spotify y mi terapeuta intentan decirme, no es el amor y las relaciones las que son difíciles o complicadas en sí. Es la comunicación. Es nuestra mente. Nuestra emociones. Todas las anteriores. Arrrgh! Creo que subestimamos cuánto puede minar nuestra confianza haber "fracasado" en el amor. Y a veces me pregunto, ¿será que algún día podré entablar una relación sana y lo más lejana posible a una canción de Arjona? Pero como dijo un amigo, uno no es la misma persona que en el pasado. ¿No debería eso servir de algo?
Se siente bien atesorar los buenos recuerdos, lo malo es vivir de ellos.
ResponderEliminarC
Muy cierto. Gracias por comentar.
Eliminar¡Ay! cosa más curiosa son los recuerdos, se salen sin permiso, y al pedirles entrar de nuevo, se resisten, como niños.
ResponderEliminarDeberíamos condicionarlos, como niños.
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