Por más que intentó abrir la caja con cuidado para saber si todavía estaban allí, los recuerdos se escaparon. Para cuando quiso meterlos de nuevo, ya había olvidado la combinación del candado.
Por algún extraño motivo me siento en la obligación de poner por escrito que este blog ha llegado a su fin. A lo largo de estos 16 años, con bastantes pausas de por medio, documenté un poco de nada y mucho de todo. Detrás de la pantalla y el teclado, navegué mi carrera, relaciones, mi salud. Hay tantas cosas que pasan en el 40% de tu existencia. Pero no todo llegó a este blog, especialmente en los últimos años. Aquí no hay registro del nacimiento de mi hijo (y vaya qué historia), ni de mi experiencia tratando de equilibrar la maternidad con la vida de diosa doméstica y todavía mantener algo de lucidez para mi trabajo remunerado. Tampoco hay nada sobre mis duelos, incluyendo el fallecimiento de mi abuela. Quisiera pensar que eso y lo que venga quedará documentado en algún otro lugar, pero la realidad es que cada vez tengo menor capacidad de introspección. Capacidad, tiempo, espacio mental, ganas, ¿todas las anteriores? Quizás no soy solo yo sino los tiempos en que vivimos. Todo es ...
A estas alturas del partido, creo que ha quedado bastante claro que Pablo Alborán se ha convertido en los últimos dos años en uno de mis cantantes favoritos. Las razones sobran. Pero su calidad vocal solo sería forma si no la acompañara con el fondo de la composición de sus canciones, de la mayoría de las cuales él es el autor. No soy experta en el tema, ni pretenderé serlo. Pero para mí, una buena canción es aquella que cuenta una historia y/o consigue aflorar una emoción en uno. No necesariamente son canciones de letra profunda, llenas de metáforas o figuras literarias, casi filosóficas. No. A veces son "básicas", pero tienen la capacidad de hacerte sentir feliz y levantarte de tu asiento para bailar. Alborán tiene de ambas. Pablo en concierto en Guatemala. Ese momento en que quisiera tener mejores fotos 💔 En mi afán enteramente educativo de llevar la música de Pablo Alborán a más personas, acá hay una lista de algunas de sus mejores canciones a mi juicio, en nin...
El año más fatigante, retador, sorprendente, estresante, triste, alegre, melancólico, emocionante, inexplicable, lleno, vacío, acompañado, solitario, largo, rápido, lento y otro puñado de adjetivos más. El año que me dio dos de las cosas que más anhelaba, y a la vez me enseñó que tenía que dejar ir otras. El que me forzó a seguir adelante aún cuando me faltaban fuerzas física y emocionalmente. El año que sentí que me arrastré casi hasta el último día. Este año lo he vivido por dos o tres. Es el año que nunca en mi sano juicio repetiría, pero sin lugar a dudas, el año que cambió mi vida y por eso le he de estar agradecida. Por un año 2024 sin expectativas (para que así las sobrepase todas).
Se siente bien atesorar los buenos recuerdos, lo malo es vivir de ellos.
ResponderEliminarC
Muy cierto. Gracias por comentar.
Eliminar¡Ay! cosa más curiosa son los recuerdos, se salen sin permiso, y al pedirles entrar de nuevo, se resisten, como niños.
ResponderEliminarDeberíamos condicionarlos, como niños.
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