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Un día más

Un año más No sé si tendrá que ver con la edad, pero me da la leve impresión de que a medida que el pastel se va llenando de velitas, simplemente ya no nos emocionamos tanto por los cumpleaños. Bueno, usted que es normal tal vez no lo sienta así, pero en mi caso pareciera que cada año este día está destinado a ser uno más. Creo que las circunstancias me han llevado a no esperar mucho (por no decir nada). Ni pastel, ni regalos, ni sorpresas, ni nada -al menos de parte de mi familia-. Es un claro mecanismo de defensa, pero funciona. Antes me frustraba y me deprimía esperar algo y no conseguir nada. Quizá era cuestión de tener expectativas demasiado altas. La experiencia me enseñó a no albergar ideas fantásticas de regalos o fiestas sorpresas, celebraciones especiales o detalles fuera de lo normal. Así es más fácil no decepcionarse. Y desde los últimos años no espero, aunque mentiría si dijera que en el fondo no hay tan siquiera un minuto en el que no fantaseo con que alguien me demuestre...

Argentina, Alemania y yo

Algo así como "Narrando la nación", versión disparate Generalmente las noches del 29 de junio, mi mamá se viene a acostar a mi cama y empieza su relato. "Hace XX años me estaban preparando en la sala de operaciones para rajarme." "Así era el bodoquito rosado". Tendría que ver los gestos para hallarle la gracia a la palabra "bodoquito". A veces lo cambia por "pedacito", pero se entiende la idea, ¿verdad? La historia de mi nacimiento no es fantástica. Pongámoslo en otras palabras: no da material ni para una película de Hallmark. Sin embargo, mi subconsciente se ha encargado de ponerle más narrativa para tener algo que contarle a mis nietos. Supongo que también lo hago para ponerle algo de emoción al día, para que no sea tan común y tan corriente. Era un domingo 29 de junio de 1986 y una madre primeriza preparaba el almuerzo con el que la familia celebraría la final del Mundial. Argentina y Alemania se enfrentaban por la Copa en el Azteca....

Perros y gatos

Disputa familiar Siempre he sostenido que algo en mis procesos de socialización no funcionó del todo bien cuando era niña. En kinder de 5 años descubrieron que no hablaba con niños de mi edad, así que casi tuve que repetir grado pero logré colarme a prepa gracias a que me aceptaron condicionada en uno de esos kinders más pedagógicos. Esa es solo una de las muchas muestras de que algo no anduvo bien desde los primeros años. ¿Otra cosa que no tuve de niña (aparte de amigos)? Mascotas. Mi mamá es anti mascotas y cada vez que mi hermana proponía tener un animalito siempre salía con lo mismo: "Si ustedes van a limpiar todo lo que haga y darle de comer y bañarlo y cuidarlo y...". Y la lista se hacía más larga y las posibilidades de tener un inquilino perruno o gatuno como cualquier niño normal se desvanecían. Aún así, por aquello de las casualidades, alguien nos regaló un gato cuando teníamos 10 y 5 años respectivamente. Se llamaba Foncho. Ya venía con el nombre incluido. Mi mamá l...

No más tareas

Prueba de resistencia fallada Cuando faltan apenas dos semanas para que se acabe el primer ciclo de la U ya estoy harta de hacer tareas. Ya he dicho que, al inscribirme en la segunda ronda de mi vida universitaria, ingenuamente no consideré cómo sería la carga académica. Oh, ilusa yo, pensé que a nivel de maestría solo ibas a escuchar las clases magistrales, tomabas apuntes y, qué sé yo, eventualmente hacías algún examen o trabajo. Entusiasmada y optimista, a principios de febrero yo no contaba con que mi organismo ya se había habituado a no estudiar. Tampoco se imagine que pasaba todos los días estudiando antes, pero eso de estar yendo a la U, prestar atención por más de dos horas ininterrumpidas, tomar apuntes, leer folletos y más, es una verdadera prueba de resistencia que solo se supera con el hábito y la costumbre. Y yo ya no resisto, lo que honestamente me aflige porque en teoría no tengo de qué quejarme. Trabajo en mi casa; no tengo jefes encima -solo vivo esclava de la computad...

De la gloria al infierno

O el tan alegre que venía y tan triste que me voy A menos que usted haya construido una muralla alrededor suyo o se haya recluido en la montaña más alta o una isla desierta, seguramente tiene idea de que hoy empezaron los octavos de final de Sudáfrica 2010. Si usted vio los partidos de Uruguay-Corea del Sur y Estados Unidos-Ghana, sus ojos se habrán enfocado en el equipo victorioso en pasar a los cuartos, como la gran mayoría. Celebró los goles, empezó a repasar mentalmente las llaves para de pronosticar quién jugaría contra quién en la final y trató de envisionar a Messi anotando mañana, por aquello de atraer las cosas con el pensamiento. Yo no. Mientras los uruguayos se abrazaban eufóricos al escuchar el silbato final, no pude evitar fijarme en como a los coreanos se les doblaban las rodillas y caían en el césped, derrotados, más que por el marcador, emocionalmente. Fue entonces en que me puse a pensar en que en el fútbol se pasa de la gloria al infierno en cuestión de segundos. En...

El vicio

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Le puede pasar a cualquiera Nunca he fumado un cigarro porque me parece un pésimo hábito. No probé un trago hasta los casi 21 años y creo no haber bebido en más de una decena de ocasiones y solo una en demasía. No uso drogas y no abuso de pastillas porque seguramente se me olvidaría tomármelas. No apuesto porque cuando lo he hecho he perdido. Siempre me había considerado una persona sin vicios. O al menos eso creía hasta que hace 4 meses, por razones laborales, me enteré del mundo de los juegos en redes sociales, y literalmente caí en la red. Ahora entro a jugar todos los días, en ocasiones por horas; el vicio es parte de mi rutina. Para alguien que antes se reía de la gente que vivía pendiente de "su granjita", creo que he tocado fondo. Mi hermana dice que lo mío es obsesión, que no lo hago por "amor al juego", sino por los puntos, por subir de nivel, por ganar. Yo le respondí que para qué más sino eso. Quizá todos los viciosos hablamos así. Mi nombre es *****, t...

Un blog sobre nada

La versión blogger de Seinfeld A veces escribo pero no escribo. Ya escribo por escribir, solo porque quiero. Cada vez pienso menos en quién va o no a leer lo que escriba. Estar escribiendo para que no te lean es frustrante, así que decidí que, si en todo caso solo yo me leía, pues solo en mí pensaría y solo para mí escribiría. Suena egoísta, pero ha resultado muy efectivo para superar el writer's block . No pienso en qué voy a escribir y solo lo hago. Escribo pero no sé sobre qué escribo, no sé ni siquiera si a esto se le puede llamar escribir. He llegado a la conclusión de que escribo sobre nada. Si veía la serie Seinfeld se acordará de que lo llamaban the show about nothing . Pues bien, creo que este es el blog sobre nada. Lo mucho que se me ocurre acerca de nada. O un poco de lo que se me ocurre acerca de todo. Nada más.