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Las crías y la manada

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Un día de estos vi entrar a un niño de no más de 2 años a un banco. Desconozco si iba a hacer depósitos o retiros. Tal vez iba a consultar su estado de cuenta. Iba vestido de pantalón caqui y una camisa amarilla tipo Polo. Lo que delató su edad fueron sus zapatos de colores y con figuras de leoncitos. No medía más de un metro. Calculo 75 centímetros a lo sumo, aunque no tengo ojo de buen cubero. Ya caminaba, con ese ritmo de los bebés que se van tambaleando y uno siente que al próximo paso se tropiezan. Aún no hablaba, pero hacía ese intento por comunicarse con el papá. No sé qué le quería decir. A mí solo me sonó a sñldkñsoiwiofjiucn. En ese momento, cuando lo vi tan frágil e indefenso, me entró algo de pánico. Era como ver a Bambi tratando de dar sus primeros pasos. Entonces pensé: "¿Cómo se supone que en algún momento de mi vida yo sea capaz de cuidar de la vida de otro?". Aunque se ven lindos, ¿verdad? A veces, no sé cómo, me detengo a examinar las cosas como ...

Un sábado por la mañana

Sin oficio Son las 10:13 a.m. y no hallo qué hacer. ¿Es eso normal? En lo que va de este año, mis sábados en la mañana han sido empleados, en su mayoría, para dormir hasta el mediodía, en un intento de reponer las horas robadas al sueño durante la semana y porque, a estas alturas, simplemente estoy cansada. Otros sábados han sido destinados a hacer mandados. Ir de un banco a otro, pagando cuentas, propias o ajenas. Un eventual desayuno con una amiga o la reposición de una clase. O, si se amanece tarde, ponerse a ver televisión para mientras llega el mediodía. Y si no hay nada mejor qué hacer, encender la computadora y conectarse un rato. Hasta que llega un sábado como hoy, en que se amanece temprano pero no se halla qué hacer. Cuando no dan ganas de ver tele, todos los feeds ya fueron leídos, y Facebook y Twitter resultan aburridos. Vi "El manual de la perfecta cabrona" tirado por ahí, pero no me dieron ganas de leerlo. Llegué a pensar que bien podría avanzar en la revisión ...

Balde de agua fría

No hay nada más rico que bañarse. Estoy hablando de una buena ducha, de esas en las que te restriegas hasta la conciencia. De las que solo te das cuando tienes tiempo, para sacarte el shampoo de la cabeza como si fuera anuncio de Herbal Essences y, de ser posible, repetir. De las que te dan ganas de ofrecer un concierto bajo la regadera sin que nadie te diga que no sabes cantar. De esas que te caen, literalmente, como balde de agua fría, para que avives y termines de despertar. Son de esas pequeñas cosas de la vida.

De la Manyula, lo "salvadoreño" y los espacios públicos

Recuperar lo antiguo y crear lo nuevo Este blog no se presta a segundas partes, es decir, a secuelas de otras entradas. De hecho, no estoy segura si ésta califica como una continuación de la anterior, acerca del fallecimiento de la querida Manyula . Más bien es una reflexión menos apresurada de por qué el deceso de la elefanta ha calado tan hondo en mis compatriotas. Sí, ya sé que el día de los hechos dije que me había burlado de la gente que salía sollozando por la Manyu, pero le confieso que a mí el que de verdad me tocó el corazón fue Raúl Miranda, director del zoológico. Él sí logró ponerme aguados los ojos, desde que anunció el fallecimiento hasta que leí su despedida a la que en vida fue su compañera durante 12 años. Si lo recuerda, le dije que el luto no es tanto por la Manyula como por la infancia compartida por todos los salvadoreños. Por ahí va mi observación. ¿Por qué a la mayoría de los salvadoreños nos duele su partida? ¿Por qué compartimos el luto? Bien fácil: la mayoría ...

El obituario de Manyula

MANYULA (1950-2010) Hoy, después de 55 años como servidora pública, falleció Manyula, la elefanta del Parque Zoológico Nacional de El Salvador. La paquiderma ya pateaba los 60 años. No está de más decir que fue la empleada de gobierno que más trabajó, sin importar bajo la administración de quién fuera. Nunca se tomó un día libre y en vida hizo suficientes horas extras como para ahora tener un merecido descanso eterno. Y aún así, tengo mis dudas acerca de si llegó a cobrar su respectiva pensión. Tengo emociones encontradas acerca de esto...* No me crea (del todo) desalmada. A mí también me dio no-sé-qué la noticia. Tristeza, así como para llorar a moco -de elefante- tendido tal vez no, no llego a tanto. Pero sí algo de nostalgia, tanto por la pobre Manyula como por los recuerdos de la niñez de todos. Respecto a los zoológicos estoy en la misma línea de pensamiento de Ligia, autora de Qué Joder . Simplemente es contra natura alejar a un animal de su hábitat. Creo que todos estamos de ...

Quisiera ser robot

ON/OFF ... y que así alguien me programe para cumplir con un horario estricto en que trabaje más que Robotina con cortocircuito y así al fin ponerle chequecitos a todos los ítems de mi lista de "To Do's". O que me instalen en la cabeza el escáner más veloz del mundo, para no tener que leer tantas resmas de papel y que todo el conocimiento me quede grabado como por arte de magia. O un drive para USB que permita que todos los ensayos vayan directo de mi cabeza a la impresora, sin necesidad de complicarme tanto la existencia. Pero sobre todo, me gustaría tener un botón de "Encendido" y "Apagado" para que no se me ocurra escribir este tipo de entradas cuando necesito concentrarme en hacer por la vía humana las cosas que describí allá arriba. OFF Distracciones. ON Robotina.

Cerebral

Hoy descubrí que hay dos partes de mi cerebro a las que les gusta darse riata. Una busca que prevalezca la razón y la otra se las da de melodramática y apasionada. A la razón le gusta darle cachetadas a la pasión y casi podría jurar que a la pasión eso la encandila, hace que arme más escándalo para no ser silenciada. Las voy a dejar que lo resuelvan entre ellas. Así se habría leído Sensatez y Sentimiento si Jane Austen fuera alguien sin talento como yo.