Simple y sencillamente soy adicta a los adverbios terminados en -mente. Esto lo noté hace un par de meses y, por más que intento, no logro dejar de escribirlos. También que muchas de mis frases inician con "A veces..." y "Me pregunto si...", entre otras tantas muletillas de las que aún no me deshago.
Los trolls existen y no son como aquellos muñequitos de pelos parados que venían en las cajas de cereal. Existen porque siempre hay alguien dispuesto a criticar, en ocasiones de manera ofensiva, y escudados de la pantalla de sus computadoras.
A veces En ocasiones pasa que hay alguien más en el mundo que piensa o ha vivido situaciones similares a las que una escribe y por tanto puede sentirse identificado con lo que lee. Esto lo he descubierto más bien estando del otro lado como lectora.
Es fácil encontrar respuestas para una misma en las preguntas que otros se hacen. Por eso creo que el proceso de reflexión que conlleva escribir una entrada no termina al hacer click en "Publicar", sino que continúa en la medida en que los lectores se toman el tiempo de comentar. Es entonces que el cerebro sigue y sigue dándole vueltas al asunto.
Tengo una obsesión desmedida por el color rosado de la cual no me siento del todo orgullosa.
A medida en que en tu vida offline tienes más ocupaciones y preocupaciones, tu vida online se va reduciendo. Esto se refleja en la extensión y profundidad de las entradas más recientes.
A pesar de lo anterior, hay que dejarse de pajas, siempre se puede hacer tiempo para escribir. Solo es cuestión de encontrar motivación en algún reto, como tu entrada #400, y por supuesto, inspiración en alguna parte (si no, no hay ocurrencias).
Un blog es la manera más efectiva que conozco de dejar algún tipo de evidencia de las cosas que pensamos en un momento determinado de la vida, una fotografía mental.
De alguna u otra manera, una siempre termina escribiendo acerca de los mismos temas. Es como si escribiéramos diferentes versiones de un ensayo sin fin.
Un blog tiene tantas interpretaciones como lectores y cada entrada pasa por diferentes procesos de decodificación según el lector.
Gracias por acompañarme durante 3 años y 400 entradas, pues... de esto:
Me leí todas las entradas recientes y dejé esta por último (a propósito) Felicitaciones, pocos llegan a persistir en esta titánica tarea de mantener un blog. Ojalá surjan más ocurrencias irreverentes y las podamos disfrutar todos los que pasamos por aquí. Comentemos o no.
Por algún extraño motivo me siento en la obligación de poner por escrito que este blog ha llegado a su fin. A lo largo de estos 16 años, con bastantes pausas de por medio, documenté un poco de nada y mucho de todo. Detrás de la pantalla y el teclado, navegué mi carrera, relaciones, mi salud. Hay tantas cosas que pasan en el 40% de tu existencia. Pero no todo llegó a este blog, especialmente en los últimos años. Aquí no hay registro del nacimiento de mi hijo (y vaya qué historia), ni de mi experiencia tratando de equilibrar la maternidad con la vida de diosa doméstica y todavía mantener algo de lucidez para mi trabajo remunerado. Tampoco hay nada sobre mis duelos, incluyendo el fallecimiento de mi abuela. Quisiera pensar que eso y lo que venga quedará documentado en algún otro lugar, pero la realidad es que cada vez tengo menor capacidad de introspección. Capacidad, tiempo, espacio mental, ganas, ¿todas las anteriores? Quizás no soy solo yo sino los tiempos en que vivimos. Todo es ...
El año más fatigante, retador, sorprendente, estresante, triste, alegre, melancólico, emocionante, inexplicable, lleno, vacío, acompañado, solitario, largo, rápido, lento y otro puñado de adjetivos más. El año que me dio dos de las cosas que más anhelaba, y a la vez me enseñó que tenía que dejar ir otras. El que me forzó a seguir adelante aún cuando me faltaban fuerzas física y emocionalmente. El año que sentí que me arrastré casi hasta el último día. Este año lo he vivido por dos o tres. Es el año que nunca en mi sano juicio repetiría, pero sin lugar a dudas, el año que cambió mi vida y por eso le he de estar agradecida. Por un año 2024 sin expectativas (para que así las sobrepase todas).
Hace unos meses, compartí en Instagram una ilustración de Pictoline sobre el ikigai , un concepto japonés que viene a ser algo así como "la razón de vivir". Incluso hay un diagrama (quién sabe qué tan auténticamente japonés sea) en que el ikigai se ilustra como la intersección de lo que amas, en lo que eres bueno, lo que necesita el mundo y por lo que te pueden pagar. Casi de inmediato recibí el mensaje de un amigo que me recomendaba hacer el ejercicio del diagrama, y en particular, que no lo dejara para la próxima crisis existencial. Nunca hice el ejercicio como tal, pero la idea me anduvo rondando por la cabeza como otras tantas que llevaban meses (e incluso años) atascadas en 257 pestañas en una ventana en modo incógnito titulada "¿Qué carajos hago con mi carrera?" Hasta que, a través de otro ejercicio, di con lo que me atrevería a llamar un nuevo objetivo profesional, el cual contempla un cambio de carrera. No sé si lo consiga (aunque tengo un plan, ¡y ya eso e...
Felicidades Raquel, escribir siempre es una opción para dejar un poco de una en esta vida.
ResponderEliminarQue vengan más ocurrencias.
Abrazos
Gracias Karla. Un abrazo,
EliminarBuena lista, chera; ciertamente (#3) me identifico con muchos de los puntos. ¡Felicidades por un año más de ocurrencias!
ResponderEliminarGracias chera :)
EliminarQue vengan más años y que ambos estemos para compartirlos. ¡Un abrazo fuerte!
ResponderEliminarOjalá así sea. Gracias Geniecillo :)
EliminarMe leí todas las entradas recientes y dejé esta por último (a propósito) Felicitaciones, pocos llegan a persistir en esta titánica tarea de mantener un blog. Ojalá surjan más ocurrencias irreverentes y las podamos disfrutar todos los que pasamos por aquí. Comentemos o no.
ResponderEliminarMuchas gracias Mario. Perseverancia es la palabra clave, supongo.
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